El trabajo de las empresas de control de plagas desciende considerablemente durante el invierno. En general, la actividad de las plagas desciende radicalmente en los meses de frío, especialmente en lo que se refiere a las plagas de insectos.

El calor beneficia a las plagas porque consigue adelantar los ciclos biológicos favoreciendo la reproducción y el desarrollo de los insectos, además de contar con mayor número de fuentes de alimento. Además, la temperatura favorable hace que insectos como las cucarachas aprovechen para abandonar su cobijo para explorar en busca de nuevos nidos y fuentes de agua y alimento, haciendo más visible la existencia de la plaga.

Hay insectos como moscas y mosquitos que mueren con las bajas temperaturas, y otros como las cucarachas que permanecen a cobijo menos visibles y protegiéndose del frío.
Pero ¿por qué a las plagas de insectos les afectan tanto las bajas temperaturas?

La razón de esa intolerancia al frío por parte de los insectos es su incapacidad para calentar su propio sistema orgánico. El interior del cuerpo de los insectos estará a la misma temperatura que el exterior, produciendo problemas de subsistencia en las diferentes familias de insectos según la tolerancia que hayan conseguido desarrollar en su evolución. Debido al frío, los insectos no consiguen mantener el equilibrio de iones de sal y agua en su organismo, produciéndose una acumulación de potasio en la hemolinfa ( la sangre de los insectos), que acaba produciendo la muerte del insecto.

Un reciente estudio que ha estudiado cómo afecta el frío a los insectos, pretende servir como base al desarrollo de nuevas maneras de controlar plagas de insectos, tratando de afectar a ese equilibrio de agua y sal en el organismo de los insectos.